Reflexiones sobre el cambio
¿Podré cambiar yo?
¿Podré cambiar al otro?
¿Podrán cambiar las empresas que están a punto de quebrar, los países que no salen de la pobreza y la impunidad, las instituciones que se convirtieron en irrelevantes, las burocracias estériles?
Todo cambio institucional es precedido por un cambio personal de sus directivos. En el caso de un País, estamos, 130 millones de mexicanos, en manos de la salud mental, la lucidez, la claridad de propósito y la integridad de los funcionarios públicos. Esta idea puede ser escalofriante.
Las personas y las instituciones tienen dos opciones: 1. Cambiar y evolucionar con los tiempos y los cambios en el entorno y 2. No cambiar y repetirse hasta la náusea.
Es necesario cambiar. La vida demanda flexibilidad y los organismos inflexibles, por definición, no son adaptables y acaban implosionados y quebrados en su rigidez.
En el plano personal, podemos aceptarnos amistosamente si alguna de las partes no cambia, pero cuando las personas tienen una responsabilidad, si no se adaptan, se llevan de encuentro a lo que manejan.
Aquí algunas reflexiones sobre el cambio:
1. El ángulo optimista es que todos eventualmente cambiamos; decidimos hacia la superación y la elevación de la consciencia. Aprendemos a ser humildes y eficaces, a convivir y a tener paz interior. El arquetipo es el viejo sabio y sereno.
2. El ángulo pesimista es que no sólo no cambiamos, sino que la mayoría empeoramos con el tiempo. Decidimos en base a la justificación y culpamos crónicamente a otros. Nos hacemos arrogantes, tercos y amargosos. El arquetipo es el viejo cascarrabias que vive solo.
3. Todo cambio genera problemas nuevos. La innovación implica lidiar con los problemas asociados al cambio. Tener los mismos problemas de siempre es señal de estancamiento; experimentar problemas nuevos denota procesos de evolución; aunque de entrada nos asusten.
4. Cambiamos desde adentro, frecuentemente de manera inconsciente. Son procesos íntimos e invisibles. A veces son cambios de tajo, otras son un proceso lento y largo.
5. Tocar fondo, experimentar un trauma, una pérdida, renuncia o despedida, son algunas de las formas en que nos catapultamos al cambio. Cambiamos más por necesidad, cuando ya no nos queda otra, que por prevenidos.
6. Los cambios se dan y se alimentan con el cambio de hábitos. Hacer cambia a la actitud; la actitud no cambia al hacer.
7. Los primeros hábitos para el cambio empiezan con la renuncia. Quitar hábitos auto-destructivos, limitantes, que nos quitan luz y nos roban la paz, es el primer paso. Si la batalla interna es muy grande, se agotan las energías para la externa.
8. El miedo de perder con el cambio es más grande que la perspectiva de ganar. Somos más defensivos que ofensivos, más miedosos que atrevidos, más conservadores que liberales.
9. El cambio que no resulta nos amarra al no-cambio, porque se utiliza como "evidencia" de que "lo de siempre" es mejor.
10. La familiaridad nos jala. El dicho de "más vale malo conocido, que bueno por conocer" está asentado en la psique colectiva, pero en realidad es una tontería: ¿Cómo va a ser mejor lo malo conocido que la opción?
11. Cambiar requiere humildad. Es aceptar que el modelo anterior, la identidad asumida, dejó de ser funcional o adecuada al contexto. Es un reconocimiento de que quizás otros tuvieron razón. La paradoja es que aunque el cambio convenga, se niega frente a la posibilidad de admitir una "derrota".
12. Cambiar implica frecuentemente romper con la tribu. La tribu hará todo lo posible por sabotear el cambio de uno de sus miembros. Si el grupo referencia es auto-destructivo es aún más difícil, porque la miseria grupal se habrá convertido en un gozo morboso.
A mi parecer, la más importante de las reflexiones sobre el cambio es ésta: No podemos cambiar a nadie. La gente cambia por ella misma, si quiere, si puede, si se atreve.
La pregunta verdadera es: ¿Podré cambiar yo?
Texto generado sin IA