Digan lo que digan
“Si se gana en base a precio, se pierde en base a precio”.
Es cierto que el precio en nuestro país es crítico, pero nunca será la única variable de decisión. Digan lo que digan. Si se le rasca, pueden encontrarse variables emocionales, sensoriales, de servicio, de configuración, de empaque, etcétera, que aporten a la diferenciación.
Quizás la actividad más nociva para las empresas sea la de competir por precio. La competencia baja el precio y nosotros, al minuto, podemos bajar precios también. Y viceversa. Lo que a veces se les olvida a las empresas es que competir por precio es más bien competir por costos. Para ser líder en precios primero hay que ser líder en costos y esto implica un replanteamiento estratégico.
Nada ha quedado más comprobado que cuando se da una guerra de precios, la industria o un buen porcentaje de los jugadores, se enfilan rumbo al cementerio, y su decadencia es cuestión de tiempo.
La comoditización está imprimiendo su sello en el mundo. Competir por escala y precio, salvo excepciones, pertenece a otra era. En mi opinión, el objetivo de toda empresa debería de ser, justamente, el crear un monopolio de valor configurándose y apuntado alrededor de un segmento meta claramente identificado.
La diferenciación diseñada desde la estrategia de negocio es crítica.
Texto generado sin IA
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