El fin necesario
La estabilidad es tan solo una breve pausa entre dos transformaciones.
Mucho antes de que el progreso se midiera en cifras, las civilizaciones antiguas ya intuían que la vida sucedía en ciclos de creación y destrucción, de nacimiento y muerte; como una serie de círculos que se abren y se cierran.
Es que cuando hay destrucción se libera espacio para la creación.
Por ejemplo, el derrumbe de una ciudad, la caída de un imperio o los desastres naturales, se han percibido típicamente como tragedias, pero al analizar la historia se confirma que cada destrucción dejó lugar para que surgiera algo nuevo.
Lo mismo pasa con las innovaciones tecnológicas, los modelos de negocio disruptivos o los cambios de hábitos en los consumidores. Lo nuevo o innovador desestabiliza, pero para lo que para algunos es pérdida, para otros es el inicio de una nueva etapa de crecimiento.
Hay empresas, proyectos, ideas, relaciones, anhelos, que es necesario enterrar para que surja lo nuevo. Debemos sacudirnos y desincorporar las ideas viejas; esas que no dejan crecer, que no dejan cambiar, que se convirtieron en paradigmas incuestionables, que rigen de manera silenciosa impactando nuestros hábitos y costumbres,
Aparentemente, el progreso no surge de la estabilidad, sino de las ideas, productos o modelos que emergen y que derriban lo establecido para abrir paso a algo nuevo. Los cierres y las despedidas, dejan espacio para innovar.
Hay que atreverse a morir en lo que ya no es, para dar espacio a lo que puede ser.
Texto generado sin IA
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