Saber sin saber

Quizá convenga confiar más en los instintos, cuando menos de vez en cuando.


En Latín, intuare significa mirar hacia adentro; en inglés le llaman insight, pero en castellano no es fácil encontrar una palabra que capture plenamente su significado.

El tema de las percepciones y las decisiones no es sencillo. La realidad es que estamos expuestos a millones de estímulos que la mente no puede conscientemente procesar y opta por resumir, discriminar, sintetizar. 

Y entonces pasa que llegas a un lugar y "no te sientes cómodo"; conoces a un probable socio o proveedor y "te late o no te late"; ves a una persona del sexo opuesto y "te enamoras a primera vista".

La "otra mente" conecta más rápido que tu conciencia, interpreta una experiencia potencial y probabilísticamente concluye. Platón hablaba de este concepto como un plano existencial donde había un mundo de ideas que era el origen y la verdadera fuente de toda nuestra sabiduría.

Pero en la praxis, no estamos entrenados para hacer uso de este recurso. Las decisiones estratégicas típicamente las presionamos para estar seguros, pedimos demasiada información, buscamos consensos y sobre todo la certidumbre científica de que acertaremos.

La estrategia es un proceso predominantemente de intuición. Se requiere del sentido extra de la persona, así como de su audacia y creatividad. Cuando se está conectado y afinado con el negocio y sobre todo con el mercado, es cuando más frecuentemente aparecen los chispazos estratégicos.

Quizá convenga confiar más en los instintos, en esa voz que traemos dentro, en la intuición. 


Texto generado sin IA

 

Si esta reflexión resonó contigo, tengo un libro que podría acompañarte a profundizar en los conceptos.

 
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