El que no sabe es como el que no ve, al igual que el que no ve, nunca podrá saber. 


Lo que vemos todos los días después de un rato desaparece; sólo nos brincan a la vista las diferencias y las anomalías, por lo que es más fácil observar lo ajeno que lo propio.

Si trasladamos este concepto a la empresa en la que colaboramos o que manejamos, creemos que el negocio depende de nosotros, cuando hay negocios tan buenos que sobreviven y crecen a pesar de nosotros mismos y viceversa, hay negocios tan malos que ni los mejores operadores los pueden sacar del hoyo.

La realidad es que cada vez más nos damos cuenta que los ejecutivos no manejan a las empresas, más bien las empresas manejan a los ejecutivos. La organización es un sistema que tiene vida propia y vive de la compatibilidad que tiene con el mercado, mientras dure.

Un gran número de ejecutivos expresa su frustración porque no puede ejecutar su nueva estrategia, porque no puede arreglar los problemas crónicos, o porque no puede regresar el negocio a las utilidades o a las ventas incrementales.

El tema es que la complejidad de los diversos ecosistemas de negocio interactuando con el propio ecosistema de la empresa, generan combinaciones de variables y grados de influencia difíciles de gestionar, complicando significativamente el diagnóstico y la detección de oportunidades.

El factor determinante del éxito o fracaso de una empresa es la relevancia de su propuesta de valor y ésta no depende de la empresa, depende del mercado. 


Texto generado sin IA

 
 
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Saber sin saber