La trampa familiar
¿Entonces, qué es más importante, el negocio o la familia?
La mayoría de los negocios familiares está atrapada en una amalgama psíquica y emocional, dominada por resentimientos, culpas y miedos.
Las toneladas de libros, metodologías y cursos de empresas familiares mencionan poco sobre la complejidad psicológica de las partes.
El negocio atrapado en dinámicas familiares tiene que ser tan bueno, que aguante la energía invertida y usualmente desgastada en los afanes de familia.
Se da la ambivalencia en el padre, porque por un lado está orgulloso de su empresa y de la oportunidad de entregarla a la siguiente generación, pero por otro lado tiene una sensación incómoda de dejarles el negocio a jóvenes sin experiencia y a quienes no les haya costado sacrificio.
En el fondo del psique del padre hay claras dudas sobre la capacidad de sus hijos, pero hay algo mucho mas complejo y personal: si los hijos pueden y logran más, se ratifica la obsolescencia del padre.
Es decir, "si mis hijos hacen más grande el negocio, conocen mejor y aciertan, entonces yo sobro". El éxito de la siguiente generación es una declaración implícita de caducidad personal. Este sentimiento es inconsciente y ningún padre lo aceptaría en aras de "querer lo mejor para la familia".
Esta ambivalencia se refleja en la gestión del poder: el padre a veces suelta, a veces quita, a veces da la mitad y esto lastima a los hijos. Esta ambivalencia no sólo confunde a la familia y a los empleados, sino que el mismo padre se siente incapaz y experimenta a su vez, un curioso e indescifrable dolor emocional.
Esto puede convertirse en un juego inconsciente donde la posición del padre es: brilla, pero no me opaques; sé fuerte, pero necesítame; sé inteligente, pero no me hagas sentir tonto.
Por el lado de los hijos también hay ambivalencia: por un lado tienen el reto de llevar a la empresa y el honor familiar a la siguiente generación, pero por otro lado guardan un resentimiento de no "volar con sus propias alas".
Es decir, a pesar de los enojos y frustración de trabajar en el negocio familiar, permanecen ahí, en la seguridad y en el microcosmos de la aristocracia organizacional.
En el fondo del psique de los hijos existen dudas de si la pueden hacer allá afuera por sí solos. Mientras sigan en el negocio familiar estarán protegidos y no tienen que enfrentarse a ellos mismos. "Es que me necesitan", se dicen, pero si no llega el éxito fue "porque no los dejaron".
Así como el padre siente el dolor íntimo y subconsciente de la obsolescencia, el hijo siente el de temor al fracaso, al tiempo que se resiente de no salir adelante por su propio mérito.
¿Entonces, qué es más importante, el negocio o la familia? Lo que queda claro es que una empresa familiar quebrada, quiebra irremediablemente a la familia.
En la abundancia es fácil que predomine el amor y la cordialidad, en la escasez es fácil que predomine el odio y la guerra.
Considero que el trabajar en el negocio familiar debería de ser una opción, no un destino.
Texto generado sin IA