El fracaso del éxito

 El triunfo te hace propenso a caer.


Llegar a las alturas tiene su mérito, pero es más complicado lo que sigue. Es que cuando vas de subida traes hambre, deseo, fuego, ganas de llegar. La pasión alimenta al cuerpo y lo hace aguantar contratiempos, enemigos, competidores, desabasto. Los obstáculos sólo reafirman tu resolución, te haces creativo, combativo, terco.

Una vez arriba, en la cima de la montaña, el cuerpo se afloja, busca dónde sentarse, el espíritu se empieza a apagar y la energía vital puede desaparecer por completo.

Basta con revisar la historia de los imperios del mundo, desde Babilonia, Grecia y Roma, hasta España, Inglaterra y Estados Unidos; nos dan lecciones maravillosas de cómo nacen y mueren los grandes.

Es que el ciclo del  éxito no tiene fin, la dinámica no termina, el equilibrio se rompe periódicamente, el entorno cambia; quedas desincronizado, desfasado, adelantado o atrasado, otra vez. Se paga un precio para llegar y la factura se cobra cuando llegas, si es que no antes.

Conviene resaltar que la caída empieza en el psique, en la actitud, en la forma en la que mueve a la organización, en la predisposición personal de tomar una decisión o la otra; si te defines como guerrero, constructor, estadista o desarrollador; si estás liberado o acomplejado, si abres el sistema para cambiar o lo cierras para aferrarte a algo que no puede durar.

Siempre se paga un precio para llegar… usa la humildad y la flexibilidad como monedas de cambio.


Texto generado sin IA

 

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