El mercado no perdona

 “Una marca con diversidad de promesas va camino a la quiebra”.


Una marca exitosa, ya sea personal o institucional, tiene que ser clara como el agua y conllevar un significado contundente y diferenciador. No hay lugar para los indefinidos y los tibios. 

Aunque tengas la tentación de venderle a todos y/o venderles de todo, tienes que definirte y aplicar la ley del sacrificio. Como ya lo he mencionado en este espacio: sin sacrificio no hay renuncia, sin renuncia no hay estrategia y sin estrategia no hay marca, punto.

Un posicionamiento requiere de una identidad definida, no esquizofrénica, de una personalidad estable, no volátil. El mercado no tiene compasión con las marcas que se diluyen y las entierra a base de indiferencia.

Los "no" quizá son lo primero que tiene que acordarse. No es posible venderle a todos de todo y entre más diluido sea tu enfoque, menos contundente será tu estrategia comercial.

Y es que competir nunca ha sido tan duro como ahora. El mundo se hace chico, llegan competidores de todos lados, las categorías de productos se redefinen, la comoditización es cada vez más común. La carrera de quién es mejor continúa; pero los ganadores le tiran a ser únicos, no a ser mejores.

La danza de los negocios tiene que ver con propuestas de valor claras, ataques a posiciones del competidor basados en flanqueos y/o con enfoques a nichos específicos de mercado.

El mercado parece premiar al enfocado y a castigar al diluido.


Texto generado sin IA

Siguiente
Siguiente

Orquestar el crecimiento