“La tribu sigue siendo la médula de la sociedad”. 


Pertenecer tiene sus razones en la psicología evolucionaria. En nuestros cientos de miles de años de nómadas, si no pertenecías a la tribu y aceptabas sus reglas, hábitos y costumbres; eras aislado y abandonado. En la intemperie resultaba imposible sobrevivir solo ante la amenaza del clima, los predadores y otras tribus. 

Hoy en día, ya “más civilizados”, seguimos cargando con el efecto del coeficiente colectivo. Aunque en lo personal nos cuestionemos algunas cosas, la validación social sigue teniendo peso en nuestras decisiones diarias.

Preferimos pertenecer antes que confrontar. 

En el contexto laboral, mientras los equipos conviven, se va asentando lo que llamo una fijación de confort interaccional que sus integrantes rara vez se atreven a romper. Muchas de las iniciativas se detonan no porque sea correcto, sino porque nadie quiere ser el único que lo cuestione.

Esta "conservación de tribu" desincentiva la discusión honesta, excluye a nuevos integrantes y bloquea narrativas que se consideren disruptivas. Total, “si nos equivocamos, nos equivocamos juntos”. 

Cuando en las juntas no hay fricción, cuando no hay crítica, cuando no hay alarma; cuidado porque esas son las verdaderas alarmas.

La validación colectiva no convierte un error en acierto.


Texto generado sin IA

 

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